Relatos Variopintos

Volumen 1

Fernando García Orozco

[CC BY-SA] Esta obra está bajo la Licencia Creative Commons
Atribución-CompartirIgual 4.0 Internacional. Para ver una copia, visite https:/
/creativecommons.org/licenses/by-sa/4.0/deed.es o envíe una carta a


        Creative Commons
        PO Box 1866
        Mountain View, CA 94042
        USA
      

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

Tabla de contenidos

 
    La Pastora y el Chavito
    Apéndice
 
    La Realidad Formulada
    Apéndice


━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

Tabla de contenidos

La Pastora y el Chavito
Apéndice

La Pastora y el Chavito

Pastora y Chavito fueron nombres de una mula y un mulo, híbridos de burro y
yegua como su denominación de origen indica. Los burdéganos, nacidos de caballo
y burra, aparte de ser algo más pequeños y cabezudos salen con muy mal genio y
siempre han sido más difíciles de manejar. O al menos eso decían quienes se
atribuían conocimiento en estas materias, allá por los tiempos en que personas
y animales colaboraban en el trabajo.

Chavito era de carácter dócil, tranquilón y apacible. En cierta ocasión un
labrador, al que acompañaba su hijo de cinco años, araba una parcela cercana a
la casa con las dos bestias formando yunta. Al terminar la jornada, estando el
hombre ocupado en soltar los arreos de Pastora, le ordenó al chaval que le
quitase la jáquima a Chavito, ya libre del yugo. El niño miró hacia la para él
inalcanzable altura de la cabeza del mulo y le dijo a su papá que no llegaba, a
lo que éste respondió: “Prueba y lo veremos”. Incrédulo pero obediente, el
chico se plantó delante del cuadrúpedo y empezó a levantar los brazos. Al
instante Chavito le puso el hocico en los pies; hubo de inclinarse para poder
sacar la tira de cuero de detrás de las orejas del animal, que las agachaba
cuanto podía. El padre, divertido, le dijo: “¿Has visto como sí llegas? Hay que
intentarlo antes de rendirse”.

Pastora no es que fuese terca, como toda mula debe serlo, sino que era la
mismísima terquedad hecha presencia. En ocasiones, cuando no le daba la gana de
hacer caso, llegaba a sentarse incluso con la carga amarrada al lomo,
prefiriendo aguantar la molesta tirantez de los aparejos en esa posición antes
que obedecer. El único que la podía meter en vereda era su amigo Chavito.
Cuando estaban juntos, Pastora hacía como que la cosa no iba con ella. Ella
estaba allí para acompañar a Chavito, y si había que trabajar pues se
trabajaba, pero no porque quisiera trabajar, sino porque su compañero lo hacía.

Sus principales tareas consistian en tirar del arado y barcinar en las tierras
de cuatro casas de labor, vecinas las unas de las otras y que solían compartir
aperos, sobre todo al hacer el agosto ^[1]. Frasco ponía el trillo, grande y
con ruedas dentadas, que era mejor que la sencilla tabla de Juan, dueño de las
bestias. Frasco tenía un viejo caballo cano llamado Meritano y Rafael era amo
de la burra Chiquita, que de chiquita solo tenía el nombre, y la prestaba a sus
convecinos para ir al pueblo a hacer las compras, que consistían en sal,
azúcar, café, especias, chocolate, algunas conservas, a veces telas o algo de
ropa y poco más. El sustento principal se obtenía de la tierra, los animales de
granja y la caza. Los campesinos cazaban para aportar buena carne al plato de
los hijos, respetaban la veda y sabían distinguir machos y hembras al primer
vistazo. Entre ellos estaba mal visto cazar a las hembras de perdiz o de
conejo, que eran las especies que abundaban en aquellos parajes.

Meritano y Chiquita jamás tuvieron relaciones íntimas, Pastora y Chavito fueron
comprados en alguna feria de ganado. Cuando los uncían juntos eran la yunta
perfecta. No había labrantía, por más repechosa que fuera, que no pudiesen
arar. Dándose apoyo mutuo al estar unidos por el ubio, eran capaces de roturar
terrenos en los que ni el mismo gañán podía mantener el equilibrio como no
estuviese bien agarrado a los mangos del arado.

Como Chavito era mayor que Pastora le tocó morirse antes. La mula lo echaba de
menos cuando la llevaban al pradillo que separaba las tierras de Juan del
cortijo Botarrones. Levantaba la cabeza y miraba al frente y a los lados, como
esperando que su amigo apareciera de repente por allí, para ir a pastar junto a
él dando trancos con sus manos trabadas, como solía hacer en los viejos
tiempos.

Pastora perdió su característica terquedad y se volvió más dócil. Juan llegó a
pensar que la antigua tozudez era debida al deseo de trabajar junto a Chavito.
Ya no ponía reparos a llevar cargas y caminaba dócil del ronzal. Se había
vuelto indiferente al mundo, ante la falta del animal que durante tanto tiempo
fue su compañero.


━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

^[1] Hacer el agosto: Recoger la cosecha.

Apéndice

La Pastora y el Chavito

Publicado en digituenses.com el 29 de enero de 2022.

Formato obtenido el 27 de Julio de 2024 a las 11:19 mediante tratamiento
informático de los textos originales.


  

Biblioteca de Digituenses:

https://digituenses.com/web/distribuidor/biblioteca/

━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━━

Tabla de contenidos

La Realidad Formulada
Apéndice

La Realidad Formulada

Cuando se descubrío la fórmula de la realidad se pensaba que todo el mundo iba
a salir de dudas, que todas las preguntas serían respondidas, que por fin
podríamos llegar a saberlo todo. La fórmula se aplicó sobre la humanidad, para
averiguar quienes somos realmente, y el resultado fue la propia fórmula de la
realidad. Esto dejó muy perpleja a la ciencia, ya que un algoritmo no podía ser
solución de sí mismo, así que la ciencia postuló que la realidad contenía
errores, porque la fórmula había sido comprobada muchas veces, siendo su
desarrollo impecable.

Sin embargo el resultado anterior no sorprendió para nada a la filosofía,
porque ésta ya sabía que la realidad de la humanidad está determinada por la
propia existencia de la humanidad. Si la humanidad no tuviese existencia real
tampoco habría realidad perceptible para la humanidad, que es quien se estaba
ocupando realmente de definir la realidad. Esto implicaba que habría varias
realidades diferentes, según la especie que la defina, por ejemplo. Pero la
ciencia no podía concebir tal cosa. La realidad tenía que ser una, válida para
el contenido completo de todos los posibles universos presentes, pasados y
futuros, y para todas las especies posibles, exista o no la humanidad.

Cuando la poesía aseveró que la imaginación también era real, la ciencia aplicó
la fórmula a la imaginación y el resultado final fue una indeterminación.
Cuando se profundizó en dicho resultado para hallar el límite de la imaginación
resultó que siempre salía una división por cero.

—Vale —dijo la ciencia—, la imaginación puede llegar a ser infinita.

—Pero, ¿es real? —seguía preguntando la poesía.

—Claro —respondió la ciencia—, la imaginación es real e infinita.

—No, no —volvió a insistir la poesía, que nunca acertaba a la primera con la
pregunta adecuada para la ciencia—, que si es real el producto de la
imaginación.

La ciencia volvió a repasar los cálculos de la fórmula de la realidad aplicada
al producto de la imaginación, hayando que el producto de la imaginación
llegaba a multiplicarse por cero en un punto determinado; en otro punto, según
el ámbito de algunas de las variables empleadas, se multiplicaba por infinito,
aunque el resultado más probable era, naturalmente, imaginario. La ciencia le
dijo a la poesía que la fórmula de la realidad arrojaba resultados
controvertidos y hasta contradictorios sobre el producto de la imaginación, y
la poesía quedó muy complacida y satisfecha con la respuesta. La ciencia no, la
ciencia quería concretarlo todo.

Entonces la ciencia aplicó la fórmula de la realidad sobre la ciencia misma, y
el resultado fue una fórmula nueva. Al resolver las ecuaciones de esa nueva
fórmula se obtuvo como resultado otra fórmula que parecía ser todavía más
interesante que la anterior. Y de esa nueva fórmula salió otra, y de esta,
otra, y así sucesivamente. La ciencia estaba muy interesada en llegar a
desentrañar algún día el misterio de su propia realidad, y no paraba de
estudiar fórmulas que resultaban en otras fórmulas. La poesía estaba contenta
con su realidad imaginativa y la filosofía conforme con la suya circular.

La ciencia pasó mucho tiempo estudiando fórmula tras fórmula tras fórmula y por
fin decidió preguntarle a la filosofía su opinión sobre la generación infinita
de fórmulas, unas saliendo de las otras. La filosofía estuvo encantada de
responderle a la ciencia que esa era su realidad. La ciencia concluyó entonces
que algo debía de estar mal en la definición de la realidad, y decidió volver a
empezar los cálculos partiendo de cero. La filosofía le avisó de que si partía
de cero partiría de la no-realidad, porque el cero representa la no-existencia,
de modo que partiendo del cero no llegaría a ningún sitio porque el cero no
tiene existencia real. La ciencia dijo que el cero es un signo real para
representar la nada y que se puede utilizar en los cálculos reales, como
siempre se ha hecho. La filosofía le respondió que “allá tú” y se quedó tan
tranquila, volviendo a sus reflexiones sobre si la realidad de la existencia
podía yuxtaponerse a la existencia de la realidad.

La poesía tomó parte en la discusión sin haber sido invitada, como siempre
hacía, y dijo que la fórmula de la realidad no puede existir completamente,
porque cada vez que es imaginada pasa a ser un factor del producto de la
imaginación, y la fórmula de la realidad ya dio como resultado que el producto
de la imaginación puede ser contradictorio, y muy probablemente imaginario. La
filosofía dijo que eso concordaba con sus principios, y la ciencia, como se
encontró consigo misma, quedó encajada dentro de un círculo vicioso que era
algo que entendía perfectamente, por tratarse simplemente de un bucle infinito.
Los bucles infinitos son intrínsecos para la filosofía, divertidos para la
poesía y útiles para la ciencia. La filosofía sabe salir de los círculos
viciosos cambiando el punto de vista, la ciencia intercala funciones
discontinuas y la poesía siempre sale por la tangente, así que la realidad
quedó formulada como un círculo vicioso, asumible para la filosofía,
disfrutable para la poesía y aburrido para la ciencia.

Apéndice

La Realidad Formulada

Publicado en digituenses.com el 12 de septiembre de 2020.

Formato obtenido el 27 de Julio de 2024 a las 11:19 mediante tratamiento
informático de los textos originales.


  

Biblioteca de Digituenses:

https://digituenses.com/web/distribuidor/biblioteca/

