Una vez más la razón de lo perdido
se quiebra como las ramitas finas
y secas de los almendros.
Una vez más también, me sumerjo
en los arroyos fríos del pensamiento.
Navego por sus meandros y, poco a poco,
voy limando aristas de guijarros
para formar los nuevos sedimentos.
Solo queda encontrar un buen remanso.
En este camino duro,
marcado sobre la piedra,
los pasos no dejan huella.
En este camino largo,
recubierto por la hiedra,
el silencio siempre espera.
Un paisaje hermosamente agreste
me sugiere tiempos anteriores.
Busco en la roca las formas de la vida:
cada cueva podría ser un útero,
cada cumbre un seno,
cada valle...
Cada valle podría ser el lecho
de viejos guijarros limados
que quieren formar sedimento.
Una vez más,
a vueltas con mis pensamientos.