Quiere escribir el poeta,
desde su terraza chica,
versos que no necesiten
palabras, viejas marchitas.
Sostiene la pluma y mira.
Una mosca impertinente
recorre la barandilla.
¿Qué escribirá el poeta,
desde su terraza chica
cuajadita de macetas,
que sirva para otro día?
Los versos no son eternos,
pero ya le gustaría…
Los versos solo son frases,
que vuelan y se deshacen
dejando un rastro de luz
donde antes nada había.
Un sol sin nubes se ríe
de Málaga la morena,
viendo a sus mujeres bellas
quemarse sobre la arena.
El mar estará tranquilo.
Se oyen voces de los niños,
y la radio del vecino
se cuela por los balcones
con su duende entretenido.
Divaga el poeta y se va
de su terracita chica.
Al marcharse, se le ocurre:
“Parece que hará buen día”.